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HOTEL ALTIPLÁNICO / CAJÓN DEL MAIPO ESCAPADA A LA NATURALEZA

Enmarcado por el paisaje de las montañas de los Andes y acompañado por el potente río Maipo, este hotel se presenta como un oasis tranquilo que se mimetiza a la perfección con la naturaleza.

Entramos al mundo Altiplánico con la cálida y distendida bienvenida de Soledad, administradora del hotel. Ya estando junto a ella en el lobby, se notan inmediatamente los detalles y cuidadosas decisiones aplicadas en el ambiente que provocan una sensación de bienestar y paz. Las paredes configuradas en tonos marrones debido al adobe que se mezclan con la madera y piedra de techos y suelos acobijan a cualquier pasajero. Ventanales de formas inesperadas enmarcan pinturas de enredaderas que se asoman por los vidrios, haciendo de cortinas naturales. Es así como nos rodeamos y nos dejamos impregnar por este pequeño y cuidadoso hotel que nos otorgaría una experiencia única.

Así como sus pasillos, espacios comunes, jardines, terrazas y piscina, las habitaciones también cuidan los detalles. Las entradas de luz y vistas hacia los verdes son esenciales para recrear la experiencia Altiplánico: una mezcla de artesanía y naturaleza.

Luego de acomodarnos, partimos al comedor con un hambre insaciable. El menú del día consistía en una entrada de Triología de Quesos, como fondo Lomo con papas al Romero y postre un Tiramisú. Una propuesta sencilla pero cumplida a cabalidad destacando por sus materias primas de muy buen nivel, sobre todo los quesos y tomates cherrys.

Tras descansar, nadar en su exquisita piscina y tomar un baño en la tinaja caliente, ¡si, me da envidia de sólo leerlo! Volvimos al comedor para terminar el grandioso día. Partimos con una cremosa y sabrosa sopa de brócoli, luego un pollo a la plancha con risotto de quínoa acompañado por un jugoso y sabroso tomate al horno y de postre un dulce créme brûlée. Y si eso no parecía maravilloso, junto al comedor hay un sector de fogata y después de la comida es el lugar perfecto para terminar con un broche de oro el día.

Y como no hay hotel que no se mida por sus desayunos, Hotel Altiplánico no es la excepción. Desayuno en su justa medida, frutas de primer nivel, cereales, embutidos, huevo, palta, quesos y una memorable mermelada de kiwi, que la guardaré en mi memoria de sabores, son el gusto final de esta estadía que esperamos podamos repetir y ustedes tengan el gusto de vivenciar. Un lujo a solo 47 kilómetros de la gran capital.


Gabriela Diéguez - Santiago

Periodista, colaboradora de Chile Gastronomía

gdieguez@chilegastronomia.cl

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